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Ver para Creer

Me llamaron mucho la atención algunos comentarios escuchados en una transmisión televisiva durante el Giro de Italia.




Tema de Interes<br>Pascale Schyns
Vizcaya - jueves 02 de junio de 2011.- Criticar es fácil. Actuar lo es mucho menos.

¿Por qué no sancionaron los comisarios a Mark Cavendish, supuestamente agarrado a un coche en la subida del Etna, con motivo de la novena etapa del Giro de Italia? Las razones pueden ser dos: o no se agarró el corredor o no lo vieron los comisarios. Ver para creer.

Antes que nada hay que recordar en qué consiste el trabajo de juez de ciclismo. Cuando me lo pregunta alguien que no tiene conocimientos del mundillo del ciclismo, intento explicarlo con una comparación. Su trabajo es bastante parecido a lo que tiene que realizar un árbitro de futbol. Es la persona responsable del control deportivo de la carrera. Sin embargo hay una diferencia fundamental en sus condiciones de trabajo. No solo los deportistas se mueven. También lo hace el campo. Además de los ciclistas, hay que controlar a todos los vehículos presentes a nivel de carrera.

Uno de los inconvenientes principales encontrados por el Comisario principal (presidente del colegio de comisarios) es el número restringido de comisarios que tiene a su disposición. Sin hablar de la falta de medios técnicos puesto a su disposición.

En una gran vuelta, además del presidente y de tres comisarios titulares nombrados por la UCI, las federaciones nacionales tienen la obligación de designar a un número que va de tres a seis comisarios adicionales, quienes realizan su trabajo desde un coche o una moto. En todas las otras pruebas del calendario, es aún menos importante el número de árbitros presentes en carrera.

Se trata por supuesto de un número mínimo y las federaciones tienen la posibilidad de incrementarlo. Hace poco estuve presente en una carrera organizada en Japón, donde la federación designó a más de veinte comisarios adicionales. En ningún momento se quedó aislado un corredor.

Con tantos comisarios a disposición, es fácil estar presente a todos los niveles de la carrera. Con cinco o seis, se hace imposible. Y ya que lo que más importa, porque allí se decide la victoria del día, es lo que pasa adelante, los comisarios no pueden parar a ver lo que sucede más atrás. Un comisario en moto siempre se queda con el grupeto, pero es imposible ver cómo se comportan todos los corredores atrasados. Es una laguna, pero los comisarios no tienen la culpa por no recibir los medios que necesitan para realizar mejor su tarea.

¿Por qué entonces no designan las federaciones a más comisarios en las pruebas organizadas en su país? Parece obvio que la motivación es puramente económica. A pesar de que los comisarios, sabiendo la responsabilidad que representa dirigir a un evento ciclista, cobran solo una indemnización que les permite pagarse los gastos de viaje, de comidas y un algo más para invitar a sus colegas a tomar algo una vez terminada la carrera y el trabajo que realizar después del evento, eso significa de todas formas un presupuesto que se prefiere utilizar para otras cosas.

Otro inconveniente que tienen los comisarios es que son los que menos medios técnicos tienen a disposición para informarse de lo que pasa en la carrera. El público en casa y los directores deportivos así como los organizadores en sus vehículos pueden seguir la prueba en la televisión. Los comisarios solo tienen a sus ojos para ver lo que sucede a lo largo de los kilómetros. Significa que un corredor puede cometer una infracción muy gorda con toda impunidad si un comisario no se encuentra a su lado en el momento idóneo.

Y todos a criticar a los comisarios. ¿Por qué no sancionaron? ¿Por qué no lo vieron?

Una de las primeras reglas es que sancionar, y con mayor razón expulsar (con todas las consecuencias que implica) a un corredor, solo se puede hacer si un comisario ve la infracción. No se trata de trabajar con suposiciones y menos aún con sospechas. Sin pruebas no se condena. Un regla que tiende a desaparecer cada vez más en el ciclismo…

A favor de los comisarios hay que decir que son todos aficionados, amantes del ciclismo y que utilizan su tiempo libre y sus vacaciones para estar en las carreras. Creo que es algo muy noble. Sin embargo, el futuro pasa por una profesionalización del oficio. Y volvemos al tema de siempre. No hay plata. Para mejorar el aspecto deportivo del ciclismo, no hay plata.

Por Pascale Schyns.

Fuente: Biciciclismo





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