Hoy miércoles, 29 de marzo de 2017
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El payaso que no hace reír a nadie

Levi Leipheimer no fue el único sorprendido por su triunfo final en la Vuelta a Suiza este domingo en Schaffhausen. El primero en serlo fue el chaperon, que cada día desde el momento en que el ganador de la etapa cruza la línea de meta hasta en el que se presenta en la puerta del motor-home donde se efectúa el control antidopaje, acompaña al ganador para “entregarle” al agente del control antidopaje.


fw<br>Pascale
España - martes 21 de junio de 2011.- ¿Se hubiera el pobre hombre perdonado dejar escapar al norteamericano, aunque fuese solo un par de minutos? Claro que él esperaba a Damiano Cunego, que por solo cuatro segundos perdió el liderazgo de la carrera, y estaba centrado en la llegada del entonces siempre maillot amarillo.

Chaperon, palabra francesa que significa “pequeña capucha” y por extensión por soler cubrirse la cabeza con dicha capucha, la persona de confianza que acompañaba en tiempos remotos a los novios con el fin de evitar que tuvieran relaciones sexuales antes de la boda. También existe le petit chaperon rouge, caperucita roja. ¿Quién tiene miedo al lobo?

Introducidos en las carreras ciclistas con motivo de los Campeonatos del Mundo que se celebraron en la ciudad austriaca de Salzburgo en el 2006, para que los corredores que tenían que pasar el control antidopaje no pudieran hacer trampas entre el momento de cruzar la línea del control y el de presentarse delante del entonces llamado inspector del antidoping, los chaperons se identificaron desde el principio con un chaleco donde su función aparecía en letras mayúsculas.

¡Se buscan voluntarios! ¿Acaso, pensábais que eran profesionales? En un mundo que vive fuera de la realidad, donde no se hace caso del derecho fundamental de las personas, se recurre a aficionados, amantes o ‘desamantes’ del ciclismo, para cumplir un papel que unos consideran como fundamental.

Algunos se lo toman tan en serio que creen ser los sheriffs del ciclismo y no dudan en reprender y maltratar a los corredores. Le hablan de forma grosera, algunas veces usan de violencia, les empujan sin ninguna forma de consideración. Ni siquiera les permiten recuperar el aliento y están dispuestos a acompañar a los atletas en la ducha o el aseo por no confiar nada en el hombre malo que por supuesto tiene que ser un ciclista. Años atrás, en una Vuelta a California, el chaperon, que era mujer, entró en la ducha con Tom Boonen. ¡Con peor espectáculo hubiera podido encontrarse la chavala!

Otros son puros aficionados, encantados por haber encontrado la forma de acercarse a los campeones que tanto admiran. Lo único que les interesa es poderle pedir un autógrafo al corredor que acompañan, o quién sabe si les va bien una gorra o hasta un maillot. Si puede ser firmado, mejor.

Sin quitarse el placer de pavonearse delante de las cámaras de la televisión: “¿Mama, me ves? ¡Un saludo a todo los amigos del pueblo!”, como el amigo chaperon de la Vuelta a Suiza, cada día el primero al lado del corredor. Antes de que pueda felicitarse el ciclista con su masajista, le hablaba, le tocaba el brazo, la espalda, con su sonrisa tan beata que uno se preguntaba si era por la alegría que le daba estar allí o si era más bien por el orgullo que la daba la misión que tenía que cumplir.

Sheriffs en un mundo donde las leyes impuestas por unas personas prevalen sobre el derecho penal y las constituciones de los países democráticos; payasos que llevan el corredor a un agente del antidopaje que, como pasa en algún sitio, dice al corredor que, a cambio de 200 dólares, hoy no le toca.

Por Pascale Schyns

Fuente: Bicicilismo





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