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Érase una vez

Érase una vez, en un país llamado Francia, una prueba ciclista, la más grande, la más importante del mundo.


Santo Domingo - jueves 14 de julio de 2011.- Érase una vez una prueba sinónima de alegría, de fiesta: el Tour de Francia.

Por cierto, sigue siendo la más grande, la más importante y el espectáculo ofrecido por los corredores durante la primera semana del Tour 2011 ha sido fantástico, sin ningún día llamado de transición. El suspense, las sorpresas, las proezas realizadas por los ciclistas animaron la primera parte de la carrera gala mientras que lo más espectacular, las etapas de alta montaña, están aún por llegar.

En cuanto al público, sigue asiduo al borde de las carreteras, bajo el sol, bajo la lluvia.

El Tour sigue siendo la carrera más importante del mundo por cierto, la que todos los corredores han soñado con ganar algún día, y si no el Tour, por lo menos una etapa.

¿Pero sigue el sueño? ¿O son demasiadas las pesadillas que llenaron los últimos años de ciclismo, que está luchando para volver a tener su credibilidad?
Las hadas se volvieron brujas y se empezó a cazarlas.

El público, que antes sólo animaba a los corredores, les aupaba, les admiraba, ahora se atreve de vez en cuando a silbarlos, empujados por lo que leen en la prensa. En una cierta prensa, la que no entiende nada de ciclismo y que aparece en el Tour en búsqueda de escándalos.

Por suerte hay periodistas que saben de ciclismo, que aman a este deporte y saben que viven gracias al ciclismo. El artículo “Indignados” de Pedro Horrillo, es uno de los mejores y más sinceros que he leído últimamente. Alguien que por cierto sabe de qué habla y ama al deporte.

Sin embargo existe una minoría que sólo quiere destrozar a nuestro deporte. Más escándalos surgen, muchas veces creados por ellos mismos, y más placer les da. Ayer por la mañana, escuché a un periodista francés de Radio Monte-Carlo, que también trabaja en un canal de televisión de segunda zona, anunciar sonriendo hasta las orejas el infortunio de Alexander Kolobnev. “Un primer caso de dopaje en el Tour”, sobreentendido, “esperemos que haya muchos más”. Por la tarde el mismo personaje criticaba a la organización del Tour por haber recordado las reglas de circulación en carrera y pedido a la prensa respetar a los ciclistas. Faltó poco para que echase la culpa a Juan Antonio Flecha y Johnny Hoogerland por volar por el aire. El pobre periodista de la televisión francesa se volvió la víctima de lo sucedido.

Sin embargo el colmo aún estaba por llegar. Por la tarde, la asociación de periodistas de ciclismo emitió una nota de prensa, que echaba también toda la culpa de lo sucedido en las caídas a los ciclistas. La misma nota criticaba a los “sindicatos de corredores” por defender a los atletas. Me encantaría saber que los ciclistas por fin tienen a un sindicato que les defiende pero la realidad es otra. Nadie defiende a los ciclistas, sólo se les utiliza.

Esta misma nota de prensa se permite aconsejar a los corredores, decirles lo que tienen que hacer para cuidar su seguridad, decirles que la culpa la tienen ellos por utilizar bicicletas de carbono. Falta poco para acusarles de tirarse bajo las ruedas de los coches o en las cunetas. Me da tanta vergüenza que espero que ningún corredor haya leído esta nota de prensa.

Érase una vez un ciclismo sinónimo de fiesta, de alegría, de amistad, de respeto.

Érase una vez un ciclismo que tenía un alma.

Por Pascale Schyns


Fuente: Pascale Schyns/ biciclismo





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